México tiene hoy una red de 14 tratados de libre comercio con 52 países, lo que lo posiciona entre los países más abiertos al comercio internacional. Sin embargo, eso no significa que todo lo que importes desde esos países llegue con arancel cero.
Y es que un “tratado de libre comercio”, no es sinónimo de pagar menos impuestos. Pero, definitivamente, son una herramienta poderosísima para hacer más competitivas tus importaciones, pero no son magia ni aplican solos. De hecho, necesitas:
Por ello, en este artículo vamos a aterrizar el concepto de tratado de libre comercio de forma práctica para importadores en México y, sobre todo, a responder la pregunta clave: ¿Cuándo sí conviene aplicar un TLC y cuándo es mejor no usarlo?
Para empezar, un tratado de libre comercio es un acuerdo entre países para reducir o eliminar barreras al comercio; principalmente aranceles (impuesto general de importación) y, en algunos casos, ciertos derechos o cuotas específicas. Es decir, su propósito real es:
Ahora bien, lo más importante para ti como importador es entender que:
Cuando pensamos en un TLC, regularmente se nos viene a la cabeza que si el país tiene TLC con México, se pagan menos impuestos sí o sí.
Sin embargo, en la realidad aduanera:
Por eso, el uso de un TLC es una decisión estratégica, no una obligación. Por ejemplo, a veces:
Por otro lado, que México tenga un TLC con cierto país no significa que todo lo que venga de ese país entre con 0% de arancel. Ni tampoco que cualquier producto automáticamente reciba trato preferencial.
En efecto, la red de 14 TLC y 52 países se aplica producto por producto y fracción por fracción.
El primer filtro siempre es la fracción arancelaria.
Si la fracción que usas no aparece como beneficiaria en el anexo del tratado, no hay preferencia, aunque el país tenga TLC con México.
Por eso, clasificar mal tu mercancía no solo afecta impuestos, también puede hacerte creer que sí hay un beneficio cuando en realidad no.
Algo muy importante que debes recordar siempre al importar es que aunque tu fracción aparezca en el anexo del TLC, todavía falta el filtro más importante: el origen.
Las reglas de origen definen cuándo un producto se considera “originario” de un país del tratado. No basta con que salga de ese país; tiene que cumplir criterios de producción o contenido regional.
En muchos tratados firmados por México se maneja como referencia un contenido regional cercano al 60% (o 50% bajo ciertos métodos de cálculo), pero cada TLC y cada producto puede tener reglas específicas.
De forma simplificada:
Vamos a imaginar que compras un producto fabricado en China, pero tu proveedor lo envía desde Tailandia, país que sí tiene TLC con México; es decir, en el BL aparece Tailandia como país de embarque.
Aquí puedes caer en el error de creer que por salir de Tailandia ya puede entrar con trato preferencial por el TLC.
Pero la realidad es que el origen sigue siendo China, porque ahí se fabricó el producto y no hubo una transformación suficiente en Tailandia. Es decir, intentar usar el TLC en ese caso es incorrecto y riesgoso.
Ahora bien, una vez que confirmas que tu fracción está en el anexo del TLC, y que el producto cumple las reglas de origen, toca revisar la prueba de origen.
En el T-MEC (USMCA) ya no existe un formato rígido de certificado como el del antiguo TLCAN. Hoy se maneja una certificación de origen en formato libre, siempre y cuando contenga ciertos datos mínimos.
Lo relevante para ti:
En la práctica, muchas empresas prefieren que la emita el exportador o el productor, para reducir riesgos en caso de auditoría.
En otros TLC, todavía se usan certificados de origen oficiales, por ejemplo:
En definitiva, no basta con que la factura diga “producto originario de…”. Necesitas la prueba de origen correcta según el tratado.
Si aún tienes dudas de qué impuestos un TLC te ayuda a “bajar”, aquí tienes la respuesta:
En términos generales, el beneficio directo del tratado se refleja en el Impuesto General de Importación (IGI): la tasa baja o llega a 0% si el producto es originario y está negociado así en el TLC.
Sin embargo, incluso aplicando un TLC:
Es decir, el TLC no elimina todos los costos, pero sí puede hacer una diferencia importante en el IGI y, por arrastre, en el IVA.
Con todo lo mencionado, ya seguro tienes más claro de qué puedes aprovechar y qué no de un TLC; sin embargo, hay aspectos claves que debes evitar como declarar un origen que no se puede demostrar, por ejemplo:
Consecuencias posibles:
En resumen, jugar con el origen no es “maquillar papeles”, es un riesgo legal serio.
Vamos a pensar en el caso de que quieras traer café de Colombia para tu cafetería o distribuidora, que usamos mucho en consultoría:
En el momento de la operación, la tasa del TLC era más alta que la tasa general. El importador tenía dos opciones:
En este caso, decidió no aplicar el tratado y usar la tasa general, porque era más baja.
Es decir, no usar un TLC también es una estrategia válida cuando la tasa preferencial es peor que la general.
Además, aplicar el tratado en ese momento habría implicado:
En definitiva, los tratados de libre comercio son una herramienta poderosa para reducir costos y hacer más competitivas tus importaciones, pero solo funcionan a tu favor cuando:
Aplicar un TLC sin análisis puede generar sobrecostos, multas o problemas legales; usarlo con estrategia puede convertirse en una ventaja competitiva real frente a tus competidores.
En Aduaeasy podemos ayudarte a revisar si te conviene o no aplicar un tratado de libre comercio en cada operación, validando fracción arancelaria, reglas de origen y cálculos de impuestos, para que tomes decisiones informadas y seguras en tus importaciones.
¡Contáctanos y déjanos simplificar tus importaciones!